En fin... el caso es que pensé que sería una gran noche porque no pude evitar recordar las lluvias veraniegas pamplonesas. Es habitual por esos lares que en pleno agosto te caiga una tormenta de no te menees cuando menos te lo esperabas. Ante esas situaciones, lo mejor que puede hacer uno es seguir andando con toda la dignidad que pueda. No hay nada peor que correr a esconderse debajo de una cornisa porque a fin de cuentas te mojas igual y haces el lamentable bastante. No nos solíamos reír ni nada en mi casa cuando caía la gran tromba y mirábamos por la ventana a los pobres corredores de fondo. Algunos hasta se caían. Ay... inocentes criaturillas. Alberto y yo solíamos salir a pasear cuando diluviaba. A fin de cuentas la lluvia en verano se agradece bastante y ver la cara que ponía el personal cuando nos miraban no tenía precio. Qué tiempos aquellos... Por no hablar del largamente recordado día en que Cecilia y yo salimos de un examen en plena tormenta con los apuntes en la mano. Llovía tanto que conseguí hacer una pelota con los apuntes. Ehmmm menos mal que aprobé, claro, si no me habría salido cara la broma. Pero habría merecido la pena. Las risas que nos echamos y el careto con el que nos miraba la gente desde la biblioteca también fueron finos.
Sin embargo la lluvia del otro día es de esa que te va calando poco a poco. Esa que la gente asegura que "moja más" que la otra. Lo que me parece una solemne estupidez. Si cae más agua, te mojas más y punto. Supongo que la gente que dice eso no ha salido nunca a pasear en un diluvio.
Era, como decía, una de esas lluvias que te van calando. De esas que cuando hace calor parece que las ha patrocinado el ayuntamiento (y doy fe de que con lo habituales que son en Pamplona por estas fechas, el ayuntamiento no está de por medio, no acostumbra a gastar capital en nada útil). De esas que precisamente en verano suelen caer de noche, después de haber hecho calor durante el día. De esas que refrescan el ambiente, te dejan abrir la ventana y pensar que no todo está perdido aunque sea verano, jajja. Aunque ahora que lo pienso, cuando caen en otro lugar del mundo suele oler a lluvia y es bonito... aquí por alguna mística razón cuando llueve así aparece ese olor a berza cocida que no es nada agradable. Pero bueno, prescindiendo de ese "pequeño detalle", la lluvia fue una gozada.
En fin... me puse la mar de nostálgica, ¡qué mal! a ver si conseguimos coincidir una noche antes de que acabe el verano, Banune, que quiero aporrear el Viana y beber vodka en la puerta de la catedral. Sigh.
Recomendamos vodka o tequila, según lo que el estómago pueda asimilar, jaja. Y de postre una canción de Gackt, "Returner: yami no shuuen", pero tiene que ser acompañada por el vídeo de samurais, que si no, no mola igual, jaja.
Buenas noches...





