¡Sigo viva! Y eso. Algunos lo sabéis porque me leéis en el feisfus, en el tuister y en Ropinajes y Pertrechos, pero ya sabéis que este año ando más prieta que el corset de una salchichilla del infierno, así que milagros no se pueden hacer.
En cualquier caso, siempre hay cosas de las que rajar por aquí y me da pena tener este agujerillo tan abandonado. Así que bueno, sigo poniendo cosillas de cuando en cuando.
Tenemos en el grado una clase de Empresa e Iniciativa Emprendedora. En uno de los apartados de esta asignatura estamos haciendo un proyecto bastante interesante sobre cómo crear una marca de moda y cómo moverla. Como os podéis imaginar, yo estoy haciendo un proyecto a partir de Atemporalia. Ya que nos ponemos, nos ponemos a hacer algo que luego sea útil, vaya. Hemos partido de la creación de un producto, el logopito, la tipografía, el nombre (obviamente esta parte la tenía avanzada ya, pero la he tenido que justificar), etc. Últimamente estamos tratando el tema de las redes sociales y la profesora nos pidió que hiciéramos un blog.
Un blog, hoygan. El caso es que creo que nadie en clase (creo) se había hecho uno nunca. Parece hasta mentira que, según en qué entorno te muevas, es más normal o no hacer unas cosas u otras. Dentro de un contexto friki creo que todo hijo de vecino se ha hecho un blog alguna vez. Puede que no lo haya actualizado nunca o puede que subiera un saludo y poco más, pero todo el mundo tiene su blog (o uno a medias con alguien, jaja). Es más, hace algunos años todos teníamos nuestro blog personal y saltábamos de unos a otros. Hace años era normal entrar en blogs de gente que no conocías más que de vista y comentar sus cosas "tienes toda la razón", "no estoy de acuerdo con lo que piensas" o "ibais genial en el último rol en vivo". Blogs personales de gente friki, hoygan. Algunos eran escabrosamente personales y determinados comentarios hacían correr ríos de tinta, o de píxeles, o de lo que fuera. Había blogs que leíamos con dolor de corazón porque la repulsión era poderosa, pero al mismo tiempo podíamos parar de leer. Sí, tú y yo ponemos nombres a esos blogs, y ponemos anécdotas concretas y recordamos partes que nos hicieron marujear a manta. Otros, pasábamos de poner cosas excesivamente personales. Yo siempre digo al respecto que mi blog lo leen mis mejores amigos y mis peores enemigos... mis amigos ya saben qué pasa por mi vida y mis enemigos está bien que se rían a mi costa, es gratis y yo también me echo unas risas a costa de ellos, pero vaya, que al menos se lo tengan que currar, no se lo voy a poner al morro. Sin embargo, lo hemos utilizado para contar lo que hacemos o lo que opinamos de tal cosa e incluso para hacer memes y chorradas varias. Cuando no existía el feisfus, el blog era nuestro feisfus. A día de hoy, unos cuantos sentimentales lo seguimos utilizando a saber para qué, por nostalgia o por continuidad o qué sé yo. Pero aquí seguimos.
Los blogs están condenados a desaparecer. Ahora poca gente abre un blog personal. Se abren blogs de cocina, de costura, de moda. En parte porque está muy de moda todo el rollo de "hazlo tú mismo" (matadme cuando llame a eso DYI, va en contra de mi religión) y en parte porque misteriosamente, supongo que la gente que no utilizaba internet ha descubierto el mundo blog y ha decidido enseñar al mundo sus fantabulosas habilidades (más fantabulosas o no, según la persona y las circunstancias y ojo, no me parece mal, yo misma tengo un blog de fotos, dos de moda y uno de cocina, para ir tirando).
En el mundo de la moda ahora se estila el rollo de conjuntar tu ropa y sacarte unas fotos (matadme también cuando diga outfit). En esto, como en todo, hay cosas mejores y cosas peores. Hay gente que saca mucho partido, saca fotos buenas, escribe noticias de interés general para el fanático en moda y más o menos lo lleva bien. Mucha de esta gente se está forrando gracias a marcas que les pagan por promocionar su producto. Sin embargo, supongo que esto también tiene sus días contados. El mundo chupiguay de las blogueras influyentes que son invitadas a desfiles, tal y cual, se acabará también cualquier día, porque la gente cada vez pasa más de leer textos, por cortos y chorras que sean y poco a poco se pasará de este formato en favor de otros, quizá como pinterest. Y unos cuantos petardos seguiremos dando la coña vía blog, porque ya que estamos...
En cualquier caso, me hizo gracia que, de dieciocho personas que estamos, que se dice rápido, nadie tenía un blog antes y yo, mientras, he perdido la cuenta de los míos, pero andarán por los seis o siete entre propios, compartidos, abandonados y lo de más allá. Estamos como una regadera.
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mardi, décembre 10, 2013
samedi, mars 17, 2012
Dieç y siete de março de MCCXXVI: "Tiempo a buen precio para todos, por caridad"
Hace mil leí un post en el blog de Lothíriel sobre el tiempo que me dejó marcada. Venía a ser algo así como que nos pasamos la vida deseando que llegue la hora de salir del trabajo, de que llegue el fin de semana, de que lleguen las vacaciones... y luego no damos crédito a lo rápido que pasa el tiempo: ¿Ya estamos en verano? ¿eso fue el año pasado? ¿ya han pasado diez años desde que nos conocemos?
El tiempo no existe en el espacio y en la tierra es una medida inventada por el ser humano para situar el orden en el que suceden las cosas, o eso nos dicen en el cole. Que exista o no el tiempo no tiene que ver con que se nos estropee la fruta en el frigorífico o que Nicole Kidman se haga mayor por mucho bótox que se meta. Las cosas suceden igual, la fruta se oxida y Nicole Kidman también y aunque las horas parecen no transcurrir nunca en el trabajo, el tiempo pasa de manera inexorable y yo tengo la sensación de no tener tiempo para hacer nada de lo que quiero. Y es que admito que tengo una cabeza dispersa y me gustaría hacer muchas cosas.
En el trabajo suelen reírse de mí por esto mismo. Porque siempre digo que me gustaría hacer esto o esto otro pero no tengo tiempo. Siempre hay una que asegura que sí que hay tiempo, que tengo que organizármelo mejor y lo de más allá, pero no es cierto. Si sólo quisiera hacer deporte, aprender euskera o pasarme por tal tienda tendría tiempo de sobra para todo eso, pero no es así... en las escasas horas que nos deja el tiempo partido veo cómo se me acumulan las series pendientes, las películas o los libros, tengo libros y cómics míos que nunca he leído, no hablemos ya de los ajenos, no toco un videojuego desde ni me acuerdo, básicamente porque sé que no tengo medida y que no me basta con jugar una o dos horas al día (que ya de por sí, me impedirían hacer el resto de cosas ese día), sino que no soy capaz de jugar menos de ocho todos los días. Y no tengo ocho horas todos los días. No hablemos de las cosas que me gustaría aprender... me gustaría coser mejor, tengo recetas acumuladas que nunca tengo tiempo de hacer, me gustaría aprender idiomas, hace la tira que quiero ponerme a hacer cosas con cuero, se acercan Rúnicos y no tengo muy claro que vaya a tener tiempo para hacer algo de ropa para nosotros, aunque me gustaría mucho porque esta temática me encanta, maldita sea, llegará el día de irnos al Drachen y seguramente me iré con rabia de no haber hecho toda la ropa que quería, es lo que hay. Y por no hablar de las aficiones que tengo abandonadas y agónicas por falta de dedicación en los últimos años, como pintar o tocar instrumentos. Me da pena pero a todo no se puede dedicar una y no hay tiempo material para vivir. Aparte de todo esto, además, pretendemos tener vida social y como haciendo esto y lo otro hemos terminado por conocer a demasiada gente, es complicado mantener el contacto con todo el mundo, bien sea en persona, bien por una llamada telefónica de cuando en cuando, por el guachap que tenemos ahora casi todos o por el messenger de toda la vida.
Y no es que no haga cosas por dejadez, no. Muchas veces es por cansancio, pero generalmente llego a casa y me pongo a hacer esto o aquello. Lo malo es que "esto o aquello" muchas veces tiene que ser poner una lavadora, hacer la cena o recoger la cocina. Maldita sea este rollo de habernos hecho mayores, entre trabajar y asumir responsabilidades varias ¡no hay tiempo para nada!
El tiempo se nos escurre de las manos y nunca hay tiempo para hacer todo lo que queremos. Mientras, el personal va por ahí diciendo que está aburrido en casa. ¡Aburrido en casa! La gente se aburre en casa, atención, cuando otros no vemos la forma de sacar rendimiento a las escasas horas libres. Yo me aburro en el curro, pero no en casa. El tiempo se distribuye de manera injusta cuando a unos les sobra y otros tenemos que hacer encaje de bolillos con la agenda. Y digo yo... ¿alguien sabe cómo hacer cigarrillos de esos de los hombres grises? Digo por distribuir unos cuantos entre la gente que se aburre y quedarnos con su tiempo, maldita sea. Mala es la vida del que tiene más aficiones de las que normalmente disfruta el resto de la sociedad.
Hoy, sábado, me he levantado a la una y pico de la tarde porque estaba literalmente hecha unos zorros (no, una zorra no, hoy era hecha unos zorros). La primavera que va haciendo acto de presencia, supongo, ayudada por una semana sin parar, yendo de un lado para otro, cumpliendo cuatro días de cinco en el gimnasio (y porque el miércoles lo tengo de descanso... la comida la tengo ocupada y por la tarde tocaba partida). Me toca las narices mil y vuelta haberme saltado hoy la clase de confección, pero si he dormido casi doce horas de tirón, supongo que ya me iban haciendo falta.
En fin, menos cháchara y más actividad que tenemos una tarde ocupada... Recomendando "The man who sold the world" en la versión original, por supuesto, la de David Bowie. Como acompañamiento un té rojo de caramelo con vainilla como el que me voy a tomar yo ahora mismo y que tuvo fans y detractores cuando lo puse en la partida del otro día. A mí, personalmente, me encantó.
El tiempo no existe en el espacio y en la tierra es una medida inventada por el ser humano para situar el orden en el que suceden las cosas, o eso nos dicen en el cole. Que exista o no el tiempo no tiene que ver con que se nos estropee la fruta en el frigorífico o que Nicole Kidman se haga mayor por mucho bótox que se meta. Las cosas suceden igual, la fruta se oxida y Nicole Kidman también y aunque las horas parecen no transcurrir nunca en el trabajo, el tiempo pasa de manera inexorable y yo tengo la sensación de no tener tiempo para hacer nada de lo que quiero. Y es que admito que tengo una cabeza dispersa y me gustaría hacer muchas cosas.
En el trabajo suelen reírse de mí por esto mismo. Porque siempre digo que me gustaría hacer esto o esto otro pero no tengo tiempo. Siempre hay una que asegura que sí que hay tiempo, que tengo que organizármelo mejor y lo de más allá, pero no es cierto. Si sólo quisiera hacer deporte, aprender euskera o pasarme por tal tienda tendría tiempo de sobra para todo eso, pero no es así... en las escasas horas que nos deja el tiempo partido veo cómo se me acumulan las series pendientes, las películas o los libros, tengo libros y cómics míos que nunca he leído, no hablemos ya de los ajenos, no toco un videojuego desde ni me acuerdo, básicamente porque sé que no tengo medida y que no me basta con jugar una o dos horas al día (que ya de por sí, me impedirían hacer el resto de cosas ese día), sino que no soy capaz de jugar menos de ocho todos los días. Y no tengo ocho horas todos los días. No hablemos de las cosas que me gustaría aprender... me gustaría coser mejor, tengo recetas acumuladas que nunca tengo tiempo de hacer, me gustaría aprender idiomas, hace la tira que quiero ponerme a hacer cosas con cuero, se acercan Rúnicos y no tengo muy claro que vaya a tener tiempo para hacer algo de ropa para nosotros, aunque me gustaría mucho porque esta temática me encanta, maldita sea, llegará el día de irnos al Drachen y seguramente me iré con rabia de no haber hecho toda la ropa que quería, es lo que hay. Y por no hablar de las aficiones que tengo abandonadas y agónicas por falta de dedicación en los últimos años, como pintar o tocar instrumentos. Me da pena pero a todo no se puede dedicar una y no hay tiempo material para vivir. Aparte de todo esto, además, pretendemos tener vida social y como haciendo esto y lo otro hemos terminado por conocer a demasiada gente, es complicado mantener el contacto con todo el mundo, bien sea en persona, bien por una llamada telefónica de cuando en cuando, por el guachap que tenemos ahora casi todos o por el messenger de toda la vida.
Y no es que no haga cosas por dejadez, no. Muchas veces es por cansancio, pero generalmente llego a casa y me pongo a hacer esto o aquello. Lo malo es que "esto o aquello" muchas veces tiene que ser poner una lavadora, hacer la cena o recoger la cocina. Maldita sea este rollo de habernos hecho mayores, entre trabajar y asumir responsabilidades varias ¡no hay tiempo para nada!
El tiempo se nos escurre de las manos y nunca hay tiempo para hacer todo lo que queremos. Mientras, el personal va por ahí diciendo que está aburrido en casa. ¡Aburrido en casa! La gente se aburre en casa, atención, cuando otros no vemos la forma de sacar rendimiento a las escasas horas libres. Yo me aburro en el curro, pero no en casa. El tiempo se distribuye de manera injusta cuando a unos les sobra y otros tenemos que hacer encaje de bolillos con la agenda. Y digo yo... ¿alguien sabe cómo hacer cigarrillos de esos de los hombres grises? Digo por distribuir unos cuantos entre la gente que se aburre y quedarnos con su tiempo, maldita sea. Mala es la vida del que tiene más aficiones de las que normalmente disfruta el resto de la sociedad.
Hoy, sábado, me he levantado a la una y pico de la tarde porque estaba literalmente hecha unos zorros (no, una zorra no, hoy era hecha unos zorros). La primavera que va haciendo acto de presencia, supongo, ayudada por una semana sin parar, yendo de un lado para otro, cumpliendo cuatro días de cinco en el gimnasio (y porque el miércoles lo tengo de descanso... la comida la tengo ocupada y por la tarde tocaba partida). Me toca las narices mil y vuelta haberme saltado hoy la clase de confección, pero si he dormido casi doce horas de tirón, supongo que ya me iban haciendo falta.
En fin, menos cháchara y más actividad que tenemos una tarde ocupada... Recomendando "The man who sold the world" en la versión original, por supuesto, la de David Bowie. Como acompañamiento un té rojo de caramelo con vainilla como el que me voy a tomar yo ahora mismo y que tuvo fans y detractores cuando lo puse en la partida del otro día. A mí, personalmente, me encantó.
Libellés :
Absurdeces,
Egografía,
Frikismo,
Tiempo
samedi, septembre 01, 2007
Uno de settiembre de mildoscientos veinte i uno: Ad Infinitum
Estimados lectores, me he dado cuenta de que llevamos media vida engañados. Sin duda recordarán el tema ese del infinito, el ocho ese tirado, eso que nos contaban en el cole. Eso que era el todo absoluto... pues bien. Me he dado cuenta recientemente de que el infinito como tal no existe, puesto que no es capaz de soportar las tremendas leyes de la lógica. Entiendo que siendo de letras me resulta más complicado porque tengo sólo medio cerebro y tal, pero oye, yo me he dado cuenta de esto y los de ciencias no. Hala, jijiji.
Me di cuenta al observar un hecho que en el cole nos contaban con total tranquilidad. Decían que entre un número natural y el siguiente hay un número infinito de números ¿no?. Por el tema ese de los decimales y tal. Se pueden poner infinitos números decimales y blablabla. Bien. Tomemos como hecho entonces que entre el tres y el cuatro hay infinitos números. Entonces entre el cuatro y el cinco hay infinitos nuevamente. Pero... ¿y entre el tres y el cien? ¿hay también infinitos?. Uhmmm. Sin embargo, entre el tres y el cien está el número 73, por poner un caso. Ahí tan majo y tan hermoso. El número 73 no está entre el tres y el cuatro y sí entre el otro infinito. El infinito que comprende del 3 al 100 incluye todos los números entre el 3 y el 4 ¿no?. Entonces ¿qué está pasando? ¿se trata de un infinito más pequeño?. Podría ser. Pero nadie nos habló de diferencias entre los tamaños del infinito. Y es preocupante.
Hay algo oculto en esas relaciones y me he aventurado a darme cuenta. ¿Qué pasa si tienes un infinito y lo divides entre dos? ¡Te salen dos infinitos! ¿No os quedáis estremecidos? El infinito no responde a las leyes de las matemáticas. Es el único elemento conocido que dividiéndolo, se multiplica. De igual manera sucede si uno tiene un infinito y por casualidad decide juntarlo con otro. El resultado será... infinito. Oh desgracia, señores buscadores de gallinas de oro. Juntando dos infinitos resulta uno solo. Vamos, una estafa. Aquel que quisiere tener muchos infinitos debería dividirlos una y otra vez. Y si quiere andar más despacio, que los reste. Pero que nunca se le ocurra juntarlos porque se queda con uno solo y todo el esfuerzo no sirve para nada.
Sin embargo... ¿dónde puede uno encontrar sus infinitos para cortar y pegar? Recordaréis sin lugar a dudas que en el cole siempre nos decían que el espacio exterior era infinito. Pues resulta que no, que por lo visto Newton ya se dio cuenta de que se tenía que acabar. Y luego está el rollo ese de que el universo se expande (debe de estar dividiendo sus infinitos). Y uno se pregunta... si el espacio es finito... ¿qué leches hay detrás del espacio? Debe de ser el ex-finito exterior ¿no? eso o algo así. A mí me tiene muy preocupada. Me comentaron encima que por lo visto si uno llega al final del espacio, se encuentra con el principio. Esto es todavía más preocupante, claro... porque a fin de cuentas eso quiere decir que el espacio es una bola. Diorrr!!! Estamos viviendo dentro de una bola ¿a nadie le preocupa? ¿dónde está puesta esa bola? y es más ¿y si alguien le diera una patada?. Es como para preocuparse, de verdad.
Reflexionen, reflexionen estimados lectores.
Claro que me ha dado el sol.
Y bébanse un kalimotxo con mora, como en el insti. Acompáñenlo, eso sí, con música elegante, como "Les cloches", de "Notre Dame de Paris".
Buenas noches...
Me di cuenta al observar un hecho que en el cole nos contaban con total tranquilidad. Decían que entre un número natural y el siguiente hay un número infinito de números ¿no?. Por el tema ese de los decimales y tal. Se pueden poner infinitos números decimales y blablabla. Bien. Tomemos como hecho entonces que entre el tres y el cuatro hay infinitos números. Entonces entre el cuatro y el cinco hay infinitos nuevamente. Pero... ¿y entre el tres y el cien? ¿hay también infinitos?. Uhmmm. Sin embargo, entre el tres y el cien está el número 73, por poner un caso. Ahí tan majo y tan hermoso. El número 73 no está entre el tres y el cuatro y sí entre el otro infinito. El infinito que comprende del 3 al 100 incluye todos los números entre el 3 y el 4 ¿no?. Entonces ¿qué está pasando? ¿se trata de un infinito más pequeño?. Podría ser. Pero nadie nos habló de diferencias entre los tamaños del infinito. Y es preocupante.
Hay algo oculto en esas relaciones y me he aventurado a darme cuenta. ¿Qué pasa si tienes un infinito y lo divides entre dos? ¡Te salen dos infinitos! ¿No os quedáis estremecidos? El infinito no responde a las leyes de las matemáticas. Es el único elemento conocido que dividiéndolo, se multiplica. De igual manera sucede si uno tiene un infinito y por casualidad decide juntarlo con otro. El resultado será... infinito. Oh desgracia, señores buscadores de gallinas de oro. Juntando dos infinitos resulta uno solo. Vamos, una estafa. Aquel que quisiere tener muchos infinitos debería dividirlos una y otra vez. Y si quiere andar más despacio, que los reste. Pero que nunca se le ocurra juntarlos porque se queda con uno solo y todo el esfuerzo no sirve para nada.
Sin embargo... ¿dónde puede uno encontrar sus infinitos para cortar y pegar? Recordaréis sin lugar a dudas que en el cole siempre nos decían que el espacio exterior era infinito. Pues resulta que no, que por lo visto Newton ya se dio cuenta de que se tenía que acabar. Y luego está el rollo ese de que el universo se expande (debe de estar dividiendo sus infinitos). Y uno se pregunta... si el espacio es finito... ¿qué leches hay detrás del espacio? Debe de ser el ex-finito exterior ¿no? eso o algo así. A mí me tiene muy preocupada. Me comentaron encima que por lo visto si uno llega al final del espacio, se encuentra con el principio. Esto es todavía más preocupante, claro... porque a fin de cuentas eso quiere decir que el espacio es una bola. Diorrr!!! Estamos viviendo dentro de una bola ¿a nadie le preocupa? ¿dónde está puesta esa bola? y es más ¿y si alguien le diera una patada?. Es como para preocuparse, de verdad.
Reflexionen, reflexionen estimados lectores.
Claro que me ha dado el sol.
Y bébanse un kalimotxo con mora, como en el insti. Acompáñenlo, eso sí, con música elegante, como "Les cloches", de "Notre Dame de Paris".
Buenas noches...
lundi, décembre 11, 2006
Onze de diciembre de mildoscientosveinte: Qué tuvieron de malo los ochenta
A todos nos ha llegado una o mil veces ese mail nostálgico lacrimógeno sobre la gloriosa década de los ochenta y de la generación de los ochenta y tal. De hecho existe un movimiento "revival", como dicen, de recuperación de la dichosa época protagonizado por gente casposa que no sabe avanzar en el tiempo. Reconozco que yo también eché la lagrimilla con ese mail y me conmoví y esas cosas pero, por Loki... ¿de verdad fueron tan buenos los ochenta? ¿estáis seguros? Lo selectiva que es la memoria...
¿Recordáis las modas horteras de los ochenta? Los calentapiernas protagonizados por los fans de Fama (anda que no nos reímos cuando fueron resucitadas por los de UPA), los tupés, las hombreras. Sí, las hombreras, esa cosa horrible que la gente superponía una sobre otra para parecer jugadores de rugby y que se institucionalizaron hasta el punto en el que era imposible comprarte algo sin ellas (y cuando las quitabas se te quedaba todo enorme). ¿Y el fosforito? Se puso tan de moda que incluso había modernitos que osaban llevar anoraks completamente amarillos fosforitos. Ale. Menos mal que ahora se ha quedado reducido a los esquiadores y poco más.
¿Y los jebis ochenteros? Yo siempre he dicho que si algo de bueno hicieron los jebis en los noventa fue conocer el color negro. Extinción de una vez a los ochenteros de elásticos de serpiente, pantalones rojos y pelos cardados con camisetas rotas y tiras colgantes de leopardo hasta de los dientes.
Claro, que los poperos seguidores de la Madonna Betty Boop de "Who's that girl" seran aún muchísimo peores. Esos pelacos teñidos y esa moda "meacabodelevantardelacamaysolotengoropagrandeyrotayminifaldas". Esos que creían que entrarían en una escuela de arte como la de Fama y andaban por la calle con el radiocaset pegado en la oreja. Ahí estuvieron las chapas de acid house, las camisas de cuadros atados a la cintura, los pintalabios rosas que siempre han sido repudiables y ese pelo también cardado. Por cierto, un tío nunca debería llevar el ombligo al aire. ¿Y las faldas globo? ¿y los pantalones bombachos? ¿y las toreras? ¿y la moda de los topos?. Los tutús con calentapiernas, las faldas con deportivas, los zapatos con calcetines blancos y esa horrible moda del estampado. Y las camisas: esas camisas estampadas en general grandes y chillonas, al más puro estilo hawaiano. Aquella moda de las camisas de cachemir (que nunca fueron de Cashemir). Las gafas redondas de colores proliferaban y la ropa en general te tenía que quedar grande y rota. Yo no sé cómo la gente no se quedaba la de sus hermanos y la rompía. Para qué gastar.
La tele, nuestra tan vanagloriada tele de los ochenta, esa que nos hacía disfrutar de La Bola de Cristal (pese a que éramos tan micos que no pillábamos la mitad de lo que decían), esa misma tele estaba plagada de telenovelas de cincuentones millonarios: Falcon Crest, Dinastía o Santa Barbara. Una preciosidad. Claro, las venezolanas que vinieron después aún fueron peores, pero eso no hace que las anteriores tuvieran un ápice de dignidad. Y las series: ¿alguien ha intentado ver de mayor "Los problemas crecen"? Ehmm pues que nadie lo intente. Se emitían series estupendas como "Remington Steel", "M.A.S.H." o "Corrupción en Miami" que, desengáñense ustedes, si no las vuelven a emitir no es por una conspiración televisiva en la que estamos todos inmersos, sino porque eran un auténtico truño. Si algo hicieron de bueno por la generación de la época es que los niños no tuvimos mucho apego a la tele (salvo a los dibujos de mediodía del fin de semana y a los de media tarde entre semana) y jugáramos más, que es más sano.
¿Y por qué había tantos grupos de negros discotequeros que vestían de fosforito y colores brillantes metalizados? ¿y por qué todavía fue peor cuando apareció McHammer con la famosa canción aquella mala de ganas que nos introdujo en el fantabuloso mundo del rap? ¿Y por qué también McHammer vestía con hombreras y llevaba todo brillante y dañino para la vista?. Claro, que nada superó a Locomía: fantásticas coreografías, modernas vestimentas (con hombreras, claro) y aún existían las tías que osaban decir que estaban buenos. La vertiente romanticona tu punto clave en Glenn Medeiros y Eros Ramazzoti, que a estas alturas sigue cantando con la nariz. Del Medeiros nunca más se supo.
En España nos relamemos pensando en la "movida madrileña". Es muy gracioso porque se trata de gente que se abanderó con la palabra "hortera". Gente que cantaba fatal canciones muy malas y con letras espantosas. Y a eso le llamaban juventud rebelde. Más bien eran dejados de la vida que no tenían puñetera idea de lo qué era hacer música. Algunos, como Alaska y otra gente tenían su punto gracioso. Al menos tenían algo que decir. Pero el resto... ufff. ¿Recordáis las primeras canciones de Mecano y tenéis la poca vergüenza de decir que son buenas? "Hoy no me puedo levantar", "Hawai Bombay"... En fin. La Torroja nunca cantó bien y entonces ni siquiera se molestaba por hacerlo. Y luego están los nostálgico-petardos de los Secretos y compañía. Canciones feas, aburridas y repetitivas. Otros que triunfaron nadie sabe cómo son Gabinete Cagal... digo Caligari y Radio Carroz.. digo Futura. Unos y otros eran más malos que la tiña e inexplicablemente vendían como locos. ¿Os acordáis de la canción del "veneno en la piel"? ¿y la del "corazón de tiza"? ¿Y Danza Invisible? Recuerdo con pavor una canción que se titulaba "En la laguna de churros". Una cosa hortera, aburrida y completamente sinsentido. La canción del verano siempre ha sido un mal invento, y la canción del verano española se lleva la palma. Aquí queda para el recuerdo el "Aquí no hay playa" de Los Refrescos. Aún habrá algún cretino que se compró el disco y todo.
Y ese tema truculento y especialmente doloroso para todos: los dibujos animados. Los recordáis con cariño ¿eh?. Banner y Flappy, la abeja Maya, o Las Aventuras del Bosque Verde. Si alguien tiene las narices de bajárselo por internet que se prepare para el disgusto: dibujos descoloridos sin ninguna trama más allá de "soy una marmota que corre por el bosque perseguida por un condor". Eso durante media hora más o menos. Los dibujos de la Warner eran una caca hasta que conocimos a Speedy González y al Correcaminos. Piolín ya estaba de antes, creo. Pero ¿alguien aguantaba a Bugs Bunny y al Pato Lucas? Venga hombre. Y el oso Yogui, que nos hizo creer a todos los niños que los osos vivían en el parque de Yellowstone. Y los dibujos de Hanna Barbera en general, que no sé cómo no hicieron que todos los niños acabáramos diciendo cosas como "saca los emparedados de la parte trasera del autooo". Y por último y más escabroso tema: los osos amorosos. Sin comentarios.
El cine tampoco nos hizo tan felices como creíamos. Fuimos atestados por el cine bailongo: Dirty Dancing! eks. Y aquella recuperación terrible que hubo de Grease que hizo las delicias de muchos festivales navideños del cole. Los niños se dividían entre hacer coreografías de Grease y de Laikaprayer de Madonna. El cine se pobló de miles de películas malérrimas de adolescentes, como Teen Wolf y tantas otras. Tom Cruise alcanzó la fama con Top Gun y Coctail, a cual más mala. Pero el auténtico enigma del cine de la época es por qué Rob Lowe alcanzó la fama. ¿Hizo alguna película decente? ¿realmente estaba la mitad de lo bueno que decían las chicas de mi clase? Falso, todo falso.
Claro, que antes, como ahora, los gustos de las adolescentes estaban interesadamente controlado por dos grandes organismos de conspiración: Los 40 Principales con un Joaquín Luqui que te informaba de qué iba a ser famoso con cinco meses de antelación (será el tiempo que adelantaban el dinero las discográficas para hacer famoso al personal) y la Super Pop, con sus portadas de los chicos de diseño: Jason Donovan, Kirk Cameron o Big Fun y sus regalos chachi guais que siempre te ponían al día con la moda hortera: las chapas de Acid House, gafas horteras, péndulos para prácticar esoterismo casero (verídico) o aquellas míticas carpetas de cartulina con colores fosforescentes que hacían que las adolescentes de turno hicieran alarde de su pasión por todos aquellos sujetos diseñados según la moda del momento: "ahora tocan rubios y que den botes en el escenario", "ahora actores que bailen con el pecho al aire", "ahora la moda latina"... lo de siempre pero en fosforito, claro, jajajaa.
Y por poder, podríamos seguir hasta la saciedad... los ochenta no fueron tan dorados como los pintan. Fueron ¡¡¡FOSFORESCENTES Y CON HOMBRERAS!!! así que alegrémonos de vivir ahora (¿cómo lo llamaremos? ¿los dosmil? ¿la década del cero delante?) y ya la pondremos verde dentro de unos años. En la próxima entrega... los noventa, que también tuvieron su punto de pánico.
Y dedicado para todo el mundo y muy especialmente a Lameri y al Elfo, que me han ayudado a recordar cosas escabrosas ochenteras... "Sun always shine on T.V." de A-ha, que fueron ochenteros como nadie, pero los más mejores de todos, jajajja.
¿Recordáis las modas horteras de los ochenta? Los calentapiernas protagonizados por los fans de Fama (anda que no nos reímos cuando fueron resucitadas por los de UPA), los tupés, las hombreras. Sí, las hombreras, esa cosa horrible que la gente superponía una sobre otra para parecer jugadores de rugby y que se institucionalizaron hasta el punto en el que era imposible comprarte algo sin ellas (y cuando las quitabas se te quedaba todo enorme). ¿Y el fosforito? Se puso tan de moda que incluso había modernitos que osaban llevar anoraks completamente amarillos fosforitos. Ale. Menos mal que ahora se ha quedado reducido a los esquiadores y poco más.
¿Y los jebis ochenteros? Yo siempre he dicho que si algo de bueno hicieron los jebis en los noventa fue conocer el color negro. Extinción de una vez a los ochenteros de elásticos de serpiente, pantalones rojos y pelos cardados con camisetas rotas y tiras colgantes de leopardo hasta de los dientes.
Claro, que los poperos seguidores de la Madonna Betty Boop de "Who's that girl" seran aún muchísimo peores. Esos pelacos teñidos y esa moda "meacabodelevantardelacamaysolotengoropagrandeyrotayminifaldas". Esos que creían que entrarían en una escuela de arte como la de Fama y andaban por la calle con el radiocaset pegado en la oreja. Ahí estuvieron las chapas de acid house, las camisas de cuadros atados a la cintura, los pintalabios rosas que siempre han sido repudiables y ese pelo también cardado. Por cierto, un tío nunca debería llevar el ombligo al aire. ¿Y las faldas globo? ¿y los pantalones bombachos? ¿y las toreras? ¿y la moda de los topos?. Los tutús con calentapiernas, las faldas con deportivas, los zapatos con calcetines blancos y esa horrible moda del estampado. Y las camisas: esas camisas estampadas en general grandes y chillonas, al más puro estilo hawaiano. Aquella moda de las camisas de cachemir (que nunca fueron de Cashemir). Las gafas redondas de colores proliferaban y la ropa en general te tenía que quedar grande y rota. Yo no sé cómo la gente no se quedaba la de sus hermanos y la rompía. Para qué gastar.
La tele, nuestra tan vanagloriada tele de los ochenta, esa que nos hacía disfrutar de La Bola de Cristal (pese a que éramos tan micos que no pillábamos la mitad de lo que decían), esa misma tele estaba plagada de telenovelas de cincuentones millonarios: Falcon Crest, Dinastía o Santa Barbara. Una preciosidad. Claro, las venezolanas que vinieron después aún fueron peores, pero eso no hace que las anteriores tuvieran un ápice de dignidad. Y las series: ¿alguien ha intentado ver de mayor "Los problemas crecen"? Ehmm pues que nadie lo intente. Se emitían series estupendas como "Remington Steel", "M.A.S.H." o "Corrupción en Miami" que, desengáñense ustedes, si no las vuelven a emitir no es por una conspiración televisiva en la que estamos todos inmersos, sino porque eran un auténtico truño. Si algo hicieron de bueno por la generación de la época es que los niños no tuvimos mucho apego a la tele (salvo a los dibujos de mediodía del fin de semana y a los de media tarde entre semana) y jugáramos más, que es más sano.
¿Y por qué había tantos grupos de negros discotequeros que vestían de fosforito y colores brillantes metalizados? ¿y por qué todavía fue peor cuando apareció McHammer con la famosa canción aquella mala de ganas que nos introdujo en el fantabuloso mundo del rap? ¿Y por qué también McHammer vestía con hombreras y llevaba todo brillante y dañino para la vista?. Claro, que nada superó a Locomía: fantásticas coreografías, modernas vestimentas (con hombreras, claro) y aún existían las tías que osaban decir que estaban buenos. La vertiente romanticona tu punto clave en Glenn Medeiros y Eros Ramazzoti, que a estas alturas sigue cantando con la nariz. Del Medeiros nunca más se supo.
En España nos relamemos pensando en la "movida madrileña". Es muy gracioso porque se trata de gente que se abanderó con la palabra "hortera". Gente que cantaba fatal canciones muy malas y con letras espantosas. Y a eso le llamaban juventud rebelde. Más bien eran dejados de la vida que no tenían puñetera idea de lo qué era hacer música. Algunos, como Alaska y otra gente tenían su punto gracioso. Al menos tenían algo que decir. Pero el resto... ufff. ¿Recordáis las primeras canciones de Mecano y tenéis la poca vergüenza de decir que son buenas? "Hoy no me puedo levantar", "Hawai Bombay"... En fin. La Torroja nunca cantó bien y entonces ni siquiera se molestaba por hacerlo. Y luego están los nostálgico-petardos de los Secretos y compañía. Canciones feas, aburridas y repetitivas. Otros que triunfaron nadie sabe cómo son Gabinete Cagal... digo Caligari y Radio Carroz.. digo Futura. Unos y otros eran más malos que la tiña e inexplicablemente vendían como locos. ¿Os acordáis de la canción del "veneno en la piel"? ¿y la del "corazón de tiza"? ¿Y Danza Invisible? Recuerdo con pavor una canción que se titulaba "En la laguna de churros". Una cosa hortera, aburrida y completamente sinsentido. La canción del verano siempre ha sido un mal invento, y la canción del verano española se lleva la palma. Aquí queda para el recuerdo el "Aquí no hay playa" de Los Refrescos. Aún habrá algún cretino que se compró el disco y todo.
Y ese tema truculento y especialmente doloroso para todos: los dibujos animados. Los recordáis con cariño ¿eh?. Banner y Flappy, la abeja Maya, o Las Aventuras del Bosque Verde. Si alguien tiene las narices de bajárselo por internet que se prepare para el disgusto: dibujos descoloridos sin ninguna trama más allá de "soy una marmota que corre por el bosque perseguida por un condor". Eso durante media hora más o menos. Los dibujos de la Warner eran una caca hasta que conocimos a Speedy González y al Correcaminos. Piolín ya estaba de antes, creo. Pero ¿alguien aguantaba a Bugs Bunny y al Pato Lucas? Venga hombre. Y el oso Yogui, que nos hizo creer a todos los niños que los osos vivían en el parque de Yellowstone. Y los dibujos de Hanna Barbera en general, que no sé cómo no hicieron que todos los niños acabáramos diciendo cosas como "saca los emparedados de la parte trasera del autooo". Y por último y más escabroso tema: los osos amorosos. Sin comentarios.
El cine tampoco nos hizo tan felices como creíamos. Fuimos atestados por el cine bailongo: Dirty Dancing! eks. Y aquella recuperación terrible que hubo de Grease que hizo las delicias de muchos festivales navideños del cole. Los niños se dividían entre hacer coreografías de Grease y de Laikaprayer de Madonna. El cine se pobló de miles de películas malérrimas de adolescentes, como Teen Wolf y tantas otras. Tom Cruise alcanzó la fama con Top Gun y Coctail, a cual más mala. Pero el auténtico enigma del cine de la época es por qué Rob Lowe alcanzó la fama. ¿Hizo alguna película decente? ¿realmente estaba la mitad de lo bueno que decían las chicas de mi clase? Falso, todo falso.
Claro, que antes, como ahora, los gustos de las adolescentes estaban interesadamente controlado por dos grandes organismos de conspiración: Los 40 Principales con un Joaquín Luqui que te informaba de qué iba a ser famoso con cinco meses de antelación (será el tiempo que adelantaban el dinero las discográficas para hacer famoso al personal) y la Super Pop, con sus portadas de los chicos de diseño: Jason Donovan, Kirk Cameron o Big Fun y sus regalos chachi guais que siempre te ponían al día con la moda hortera: las chapas de Acid House, gafas horteras, péndulos para prácticar esoterismo casero (verídico) o aquellas míticas carpetas de cartulina con colores fosforescentes que hacían que las adolescentes de turno hicieran alarde de su pasión por todos aquellos sujetos diseñados según la moda del momento: "ahora tocan rubios y que den botes en el escenario", "ahora actores que bailen con el pecho al aire", "ahora la moda latina"... lo de siempre pero en fosforito, claro, jajajaa.
Y por poder, podríamos seguir hasta la saciedad... los ochenta no fueron tan dorados como los pintan. Fueron ¡¡¡FOSFORESCENTES Y CON HOMBRERAS!!! así que alegrémonos de vivir ahora (¿cómo lo llamaremos? ¿los dosmil? ¿la década del cero delante?) y ya la pondremos verde dentro de unos años. En la próxima entrega... los noventa, que también tuvieron su punto de pánico.
Y dedicado para todo el mundo y muy especialmente a Lameri y al Elfo, que me han ayudado a recordar cosas escabrosas ochenteras... "Sun always shine on T.V." de A-ha, que fueron ochenteros como nadie, pero los más mejores de todos, jajajja.
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