dimanche, mai 04, 2008

Quatro de maio de mildoscientos vint i dos: Another brick in the Wall

Hace tiempo que tengo pendiente escribir una entradita acerca del viaje a Berlín, pero estoy un poco perezosa, jeje. Me apetece más cotillear qué escribe el personal y contestar, pero tampoco estáis actualizando demasiado los blogs que están en la columna de la derecha. Malditos, jaja. A ver si de aquí a un rato y ya que me he estirado, hago un par de cambios en esa columnilla, que hay algún blog que me gustaría tener enlazado y quiero mantener el número 13, jaja.

La verdad es que estas cosas... o las escribes al día siguiente de que te pasen, o te da mucha pereza y es que el viaje fue de una semanita, pero hicimos y vimos tantas cosas que es imposible resumirlas en una entradilla sin que me odiéis por la parrafada (además de la pereza que me daría escribirla, por cierto, jaja). Así que bueno... dejaré unas pequeñas impresiones.

La primera es que estando ahí me di cuenta de que tengo que volver a esa ciudad. Pero TENGO que volver, así, con mayúsculas. Me daría igual no volver a París, y eso que me encanta. Pero a fin de cuentas lo he recorrido varias veces, he visto todo lo que quería ver y algunas cosas que no sabía que quería ver. He amanecido ahí muchas mañanas y hasta he llegado a quedarme una mañana en la cama porque tenía catarro y no quería ver cosas. Creo que ya he cumplido con esa ciudad. O con Roma. Roma está bien... está plagada de cosas, pero lo mismo... he visto todo lo que quería (menos Bomarzo, pero aquí no me pilláis... esto no es Roma sino sus alrededores, jeje) y estuvo bien también. Pero Berlín se me ha quedado a medias y tengo muy claro que quiero volver y pasar ahí unos cuantos días. Es una ciudad fascinante, de esas que no te apetece visitar, sino vivir. Vas paseando por las calles y no puedes evitar pensar lo que ha pasado en esta ciudad durante todo el siglo XX. Y se te ponen los pelos de punta.

Parece un dibujo de Escher ¿eh? Pues no, es la impresionante construcción en homenaje a las víctimas judías.

Como se puede imaginar, toda la parte antigua de la ciudad está más que reconstruida. A saber cuánto del antiguo Berlín queda en lo que ahora podemos ver. Aunque a favor hay que decir que tienen un magnífico gusto y rigurosidad a la hora de reconstruir cosas, los malditos. Cosa que ya me gustaría poder decir de los españoles. En cualquier caso, todo lo que vimos anterior a los destrozos de la Segunda Guerra Mundial fue bastante impresionante. A destacar el palacio de Charlottenburg... una gozada (y recomiendo si alguien tiene plan de ir que no se pierda el concierto que hacen ahí dentro el viernes y el sábado por la noche vestidos de época... todo un lujo).

Pues así se las gastaban los emperadores prusianos. Las arcas, quiero decir. Y conste que esto es una foto de la entrada principal... el palacio era impresionantemente más grande. Sin contar con los jardines claro. Y los edificios en los jardines. Y el lago, claro. Arfs...

De lo demás... quisimos ver de todo un poco y para orientarnos un poquito tuvimos la suerte de enterarnos de una agencia de guías que hacían las visitas en español. Así que para abrir boca, nos apuntamos a una visita histórica por la ciudad con un guía español más majo que las pesetas (pese a mí enooorme reticencia a los guías turísticos). Nos enseñó todo lo que uno quiere ver cuando va para allá, ya os imagináis: el muro, todo lo que queda de las construcciones de Hitler (que es bien poco, por cierto, entre los bombardeos y la URSS no quedó bien cosa), los edificios barrocos... esas cosas. La verdad es que fue toda una gozada, porque aparte de que el chico era majísimo, nos contó toda clase de historias la mar de interesantes (y luego nos llevó a un sitio a desayunar café y buena tarta alemana y después nos recomendó un sitio para comer buenas salchichas alemanas y beber buena cerveza alemana y al final se vino con nosotros y otros petardos que habían pedido la visita, jaja). Si tenéis plan de ir, os recomiendo mucho que pidáis esta visita.

Muro, graffitis y edificios de Sony. Curiosa combinación. Y felfo y Alberto en primer plano, jeje.

Museos cayeron, cómo no. Además del palacio de Charlottenburg, vimos cómo no, el museo de Pérgamo, que me moría de ganas por ver y había que ir también al de Historia Antigua para ver a Akhenaton y a Nefertiti una y otra vez. Había ganas, desde luego y mereció mucho la pena. Si el de Historia Antigua fue una gozada, el de Pérgamo os lo recomiendo incluso mucho más. Yo me moría por verlo porque sabía que estaba el Altar de Zeus y sólo eso habría sido razón suficiente para tirarse ahí horas (y de hecho nos tiramos un buen rato delante del altar y paseándonos por cada una de las esculturas), pero es que estaban también las puertas de Ishtar de Babilonia, y la verdad es que toda la zona de Babilonia en general fue impresionante. El de Historia Antigua... os podéis imaginar... creo que no he visto más veces la cara de Akhenaton nunca y eso es una razón imperiosa para visitar el museo (además vimos muchos gatos que pondré en el gatoblog un día de estos, jeje).

Clase y distinción, señores... tantos siglos de Historia posterior y qué pocos mortales llegan a su altura.

Por lo demás, paseamos mucho. Es una ciudad tremendamente grande y hay mucho por ver. Está el barrio judío... toda la zona nueva del parlamento (que es impresionante), el parque central, el centro de Sony (impresionante como arquitectura, merece muchísimo la pena) y hasta un cementerio, que vimos un poco sin querer, pero que ahí está.

Los impresionantes edificios gubernamentales. Siempre ha habido clases y la nuestra no queda muy bien colocada en vista de esto, gente

Además del concierto del palacio fuimos a la Deutsche Oper para ver "Carmina Burana". Y para descubrir, de paso, que en Berlín hay opera todos los días en los tres teatros de opera oficiales (no hablemos de aficionados, compañías de viaje y cosas así, porque no podemos parar) y que encima cuesta ir a la opera más o menos lo que aquí ir al cine y comerte un bocata en el bar de enfrente, son un país superior, no hay duda. Tampoco quisimos dejarnos el zoo, porque nos enteramos de que era uno de los más grandes del mundo y os puedo asegurar que fue una visita imprescindible también (conocimos a
Paulen, el LEÓN con mayúsculas y vimos bichos que no sabíamos ni que existían).

Estaba bueno el tío ¿que no? Mmmm esa melena, esos ojos rasgados, esas fauces manchadas de sangre... quién fuera trozo de carne para estar entre sus patas, nenas, jeje.

Como os podéis imaginar, no era plan de dejar de lado el turismo gastronómico. Y eso que es completamente absurdo pedir una carta en alemán cuando nadie tenemos ni idea. El primer día que nos pusieron la carta delante cogimos las cosas al buen tuntún. Cuando nos trajeron unas jarras de cerveza bien espumosa y unos tenedores y unos cuchillos supimos que todo iba bien, jeje (ya dijo Marcos... si en vez de los tenedores y tal nos llegan a traer unas cucharas y unos palillos nos habríamos dado un susto majo, jeje). Descubrimos además (gracias a LA GUÍA) una cafetería especializada en tartas. En cienes de tartas. En tantas tartas que no sabías qué pedir, fue terrible. Y tuvimos que ir un par de veces. La cafetería en cuestión estaba en un palacio barroco impresionante. Así. Por las buenas. Ibas al baño y sentías vergüenza de estar ahí, jaja (hasta hicimos fotos del baño) (y volvimos al día siguiente y vimos a unas chicas que también estaban sacándose fotos en el baño, muy fuerte).

A todo esto, fue una gozada el plan que montamos de viaje... cogimos un apartamento que no fue tan chulo como parecía en las fotos, pero que no estuvo nada mal. Y lo que no estuvo nada mal de verdad, fue la compañía, cómo no. En principio íbamos a ir Marcos y yo, pero engañamos vilmente a Paula y Alberto y fue una gran idea. La verdad es que los cuatro organizamos el viaje estupendamente y nos lo pasamos de maravilla. Da gusto tener amigos con los que se puede contar para todo, jeje. No hubo ningún problema a la hora de elegir ver tal o cual cosa, creo que todos salimos satisfechos y habiendo visitado todo (o casi todo) lo que esperábamos ver en tan pocos días y en las pocas cosas donde no todos estábamos de acuerdo, hicimos división de personas (y de bote, jaja) y cada cuál fue por libre.

El último día, Marcos y yo fuimos a visitar el campo de concentración de Sachsenhausen, visita que nos apetecía muchísimo hacer, pero que resulta realmente dura. Aunque actualmente se ha musealizado mucho, había partes que se conservaban casi intactas (concretamente las salas de disección, la enfermería y la morgue). La verdad es que no se le queda a uno muy buen cuerpo después de visitar eso, pero supongo que es de esas cosas que hay que ver. Entre otras cosas para tener presente lo animal que puede llegar a ser el "ser humano". A unos cuantos habría que obligarles a dar un paseo por ahí, para que les queden claras unas cuantas cosas. Lo dicho, la visita fue dura, pero estuvo realmente bien. A todo esto la hicimos con otro guía español. Este fue menos majete que el otro, pero igualmente una gozada ir con alguien que te explica un poco todo. Aunque bueno... os podéis imaginar qué te explican en un campo de concentración. Vienen a ser todo diferentes formas de morir. Y de verdad os digo que la gente que acabó ahí los debía de tener exageradamente bien puestos, porque yo me habría tirado el primer día contra la valla electrificada.

"El trabajo te hace libre". Encima cínicos

Y eso fue más o menos todo. Como os digo... es impresionante pasear por un lugar tan cargado de Historia. No puedes evitar pensar que en este sitio pasó tal cosa o que esa gente que pasea por la calle es en su mayoría descendiente de nazis, o que este o aquel seguramente estuvo a un lado u otro del muro y que eso marcó su vida. Y es una ciudad que no sabe si olvidar o recordar, porque por una parte intenta tapar determinadas cosas para evitar renacer antiguas ideologías, pero por otra parte se quiere enseñar. Quedan partes del muro (casi todo está derribado, la gente que ría hacer vida normal y tal...) edificios bombardeados sin restaurar y queda el campo de prisioneros, a la vista de todo el mundo. Con objeto de enseñar lo que puede llegar a pasar.

Bueno... al final me he alargado tanto que me da pereza releer, así que habré dejado un montón de cosas a trozos y tal... en fin, es lo que hay. Recomiendo una buena currywurst de las que venden por la calle y una buena cerveza negra berlinesa. Y de escuchar, algo que no paramos de repetir en los siete días que estuvimos, el "Another brick in the wall" de Pink Floyd.

7 commentaires:

Nienna a dit…

Asquerosilla...que envidia que me das con todos estos viajes que te pegas,maja.
Adoro Paris,y creo que es la ciudad más maravillosa del mundo, pero me has dado muchas ganas de ir a Berlin.Quiero ver a Akhenaton y babear delante de él...quiero subir por las escaleras del Altar de Pérgamo,quiero ver el maravilloso azul de las Puertas de Ishtar,....aggggg,tengo que ir a Berlin!!
Para cuando un testimonio gráfico?
Saludetes!!

Azelaïs de Poitiers a dit…

Jejeje, ains... mujer de poca fe. El testimonio gráfico no lo colgué ayer porque no sé qué le pasaba a mi conexión, porque iba un poco lenta. y como me quería ir a la camita, lo mandé provisionalmente al cuerno. Pero yasta, ya. No iba a perder la oportunidad de restregároslo, jeje.

Yo también adoro París, aunque soy más de Venezia, confieso (de hecho a Venezia también SÉ que debo volver). Pero sí que Berlín tiene un encanto que no esperas. Al menos yo tenía en mente ir alguna vez, pero no tenía prisa, prefería ver otros sitios antes. Y fíjate tú que ahora dejaría de ver algunos sitios por volver a Berlín.

Por lo demás... nada de envidias, cógete un vuelo con easyjet, que sale tirado de precio y te deja en Berlín ciudad y hala, a disfrutar. La estancia ahí está tirada de precio. Comes y bebes por cinco euros (cuando pone diez en el menú, échate a temblar del platazo que te van a traer y aflójate un par de botones) y el museo más caro no sé si rondaba los seis euros (cuatro con carnet de estudiante y tal)... Ir a Berlín es más barato que quedarse, jajajaja. Y no se puede desperdiciar.

Besitos!

Altáriel a dit…

Qué puñetera suerte tía.

Cuando sea mayor iré.

Besus!

Berúthiel a dit…

Me tocó estudiar en urbanismo Berlin y es la releche! tengo unas ganas locas de ir allí, sobre todo por el Museo de Pérgamo del que ya me habían dicho aquello de "me acordé mucho de ti y de lo mucho que disfrutarías". Pude ver un cachito de las murallas Ishtar en Estambul y todavía me acelero...Mah y remahhhh, quien fuera Marlene para poder pasear por las noches berlinesas!

Azelaïs de Poitiers a dit…

Jos, la verdad es que sí... bufff es la releche y nos quedamos cortos.

El museo de Pérgamo es una salvajada. Me moría de ganas por ver el Altar de Zeus y os juro que es una de las cosas más brutales que he visto en mi vida. La verdad es que fuimos a ese museo porque me empeñé yo (íbamos aportando ideas entre todos, jaja y procuramos que nadie se quedara sin ver lo que más le interesaba) y creo a estos también les encantó.

Jos... ¿cómo se estudia Berlín en urbanismo? Tiene que ser una currada elegante, porque mira que tiene fases de evolución...

Ainsss quién fuera Marlene en general, jajaja.

Eowyn Zirbêth a dit…

En dos palabras: qué envidia. Y pensar que estuve a puinto de pasar dos semanas recorriendo Viena, Berlin y Praga, y por una gilipollez (que no confesaré), al final no lo hice. Aish, a ver si me puedo escapar pronto, aunque no tenga con quien hacerlo. Necesito ver esos dos museos, lo necesito.

Azelaïs de Poitiers a dit…

Bueno, bueno, traaanquilidad, que Berlin no se va a mover, muchachas, jajaja. Así que podréis ir y yo podré volver y hasta podemos coincidir, jaja. Aún nos quedan unos cuantos años para ver todo lo que nos venga en gana (y a mí me vienen en gana muchas cosas, demasiadas!).